El átomo de Epicuro

 La materia está compuesta por átomos de elementos tales como el carbono, el oxígeno o el hidrogeno. La actual teoría atómica tiene sus inicios científicos con Dalton (1766-1844), quién marcó el principio de la ciencia química. Pero el atomismo tiene sus antecedentes filosóficos en la Grecia del siglo V a.C., en la que Leucipo y Demócrito crean el concepto de átomo (“no divisible”), principio de toda realidad. El átomo no puede percibirse con los sentidos, sino sólo por el entendimiento.  Las ideas atomistas fueron rechazadas por Aristóteles, y solo con posterioridad, en la época helenística, Epicuro (341-270 a.C.) la tomó como fundamento de su “física”.

El atomismo está en la base de la filosofía de Epicuro y de los epicúreos romanos como Lucrecio (siglo I a.C.) y Filodomeno (siglo I a.C..).  Lucrecio, en su extenso poema “científico” Sobre la Naturaleza de las cosas, ofrece una exhaustiva y penetrante exposición del atomismo epicúreo. Explica como a través de estos entes indestructibles e increados, en continuo movimiento, agregándose y separándose, conforman todos los cuerpos y fenómenos físicos, pero también las mentes, los mecanismos de percepción y hasta el auge y ocaso de las civilizaciones.

Pero ¿por qué una filosofía terapéutica (“Vana es la palabra del filósofo que no remedia ningún sufrimiento humano”, señala Epicuro), que pretende ayudarnos a alcanzar la felicidad, concede tanta relevancia a desentrañar los fenómenos meteorológicos, el magnetismo o los sueños?

Entre las principales causas de la infelicidad de los hombres, Epicuro apunta al temor a los dioses, a su comportamiento errático y vengativo, al pavor a la muerte y al desasosiego por lo que sucede tras la misma.  Las explicaciones materialistas de los epicúreos tratan de combatir estas fuentes de inquietud que están basadas sobre causas sobrenaturales.  Combaten los mitos y la desinformación como origen de la ansiedad y del sufrimiento de los hombres. Para mantener la serenidad y el sosiego necesitamos comprender el funcionamiento del mundo, eliminar las explicaciones irracionales que necesariamente nos perturban y nos generan miedos absurdos. “El saber nos hará felices”.

En el siglo XVIII se recuperaron en Herculano (sepultada por la erupción del Vesubio) unos papiros con un breve resumen de la filosofía epicúrea compuesto por Filodomeno. Se trata del conocido tetrafármaco (cuádruple remedio):

No temas a Dios / no te preocupes por la muerte. / Lo bueno es fácil de conseguir, / lo terrible es fácil de soportar.

En estos versos se sintetizan las ideas fuerza de Epicuro sobre dios, la muerte, el placer y el dolor. Para los epicúreos los dioses no están interesados por los hombres. Prefieren disfrutar de su felicidad sin estresarse por los asuntos terrenales. No hay castigos divinos y todos los fenómenos atribuidos a los mismos se explican  mediante el vaivén atómico.

Por otro lado, la muerte no debiera preocuparnos, aseguran los epicúreos. Cuando morimos, los agregados de átomos que nos configuran se dispersan: es el fin. Ya no tenemos sensaciones, por tanto, la muerte no contiene dolor ni placer. Además, si no estamos preocupados por nuestra inexistencia durante la mayor parte de la vida del universo, ¿por qué deberíamos preocuparnos por nuestra no existencia tras la muerte?

Epicuro afirma que el fin natural del hombre es la felicidad. La vida buena consiste en buscar el placer y evitar el dolor. Aconseja una vida sencilla y frugal.  La satisfacción del hambre y la sed con pan y agua (en las grandes ocasiones un poco de queso) ocasiona un gozo equivalente al placer logrado con los manjares suculentos. La elección del gozo no debe regirse por los instintos sino por la juiciosa reflexión. En la elección de los gozos excluye aquellos que causan placer momentáneo, pero problemas duraderos. El placer se relaciona con la ausencia de dolor: no tener hambre, frio, enfermedades.  Sin embargo, los dolores mentales como el miedo o la angustia son más perniciosos. Para evitarlos prescribe no estar ansiosos ni asustados, la reflexión filosófica, la serenidad (“ataraxia”).

Epicuro nos invita al “Carpe Diem”, a evitar la permanente preocupación por el mañana:

“Pero tú, que no eres dueño del día de mañana, retrasas tu felicidad, y mientras tanto la vida se va perdiendo lentamente por ese retraso y todos y cada uno de nosotros, aunque por nuestras ocupaciones no tengamos tiempo para ello, moriremos”.

Tendemos a asociar el término “epicúreo” con un hedonismo superficial y frívolo. En parte se debe, como señala Emilio Lledó, a la “sorprendente hazaña de manipulación” realizada por los escritores latinos sobre el pensamiento de Epicuro, al que presentaron como un grosero y vulgar materialismo.  Ningún filosofo de la Antigüedad parece haber sido tan calumniado.

 En la actualidad el epicureísmo goza de mayores simpatías, su concepción “científica” del mundo sintoniza bien con el pensamiento moderno, y el anhelo de felicidad a través de una vida serena y tranquila está plenamente presente.

 

Biografía

Epicuro (2020). Obras completas. Editorial Cátedra. Letras universales

John Sellars (2021). Lecciones de epicureísmo. Editorial Taurus

Carlos García Gual (2021). Epicuro. Alianza Editorial

Diógenes Laercio (2013). Vida y opiniones de los filósofos ilustres. Alianza Editorial

Lucrecio (2021). De la naturaleza de las cosas. Cátedra. Letras Universales.

Emilio Lledó (2014). El epicureísmo. Editorial Taurus

 

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